dijous, 25 d’abril de 2013

Amélie de arrabal

Un tapón que cae, tallado como diamante, rueda y golpea una baldosilla que tras (eso sí) algo de arena revela una cajita de recuerdos que con altibajos acaba devolviéndole la felicidad, oh, sí.
Bueno. Es un maldito tapón de plástico barato, que no desemboca en el amor y la alegría sino en una bola de pelos de gato. Pegajosos. Agh. Y no aparece una Lady en la televisión estampándose bajo un puente, sino las noticias, anunciando un casi 50% de paro en la región.

No es su caso. Chupito de leche. Ni siquiera tiene grandes dramas. El mayor, que le duelen los codos al pasar demasiadas horas en mala postura frente a la pantalla. Su obesa mente hace un sobreesfuerzo para subir un par de escalones y seguir autocompadeciéndose. Repítelo. Rápido. Es imposible, sería reconocerlo.


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